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domingo, 3 de abril de 2016

Los esclavos del algodón

Con el título de esta entrada ("Los esclavos del algodón"), podríamos estar refiriéndonos a las tristes circunstancias que acompañaron a parte de la población norteamericana en los siglos XVIII y XIX. Sin embargo, no hablamos de un acontecimiento histórico sino de la situación actual que se da en Uzbekistán, uno de los países que más algodón produce en todo el mundo.


Han sido numerosas las organizaciones que han denunciado, a través de distintas publicaciones, las condiciones de esclavitud que sufren las personas que son obligadas a recolectar algodón en Uzbekistán.  Resulta sorprendente que sea el propio gobierno quien fuerce a llevar a cabo este trabajo y que las personas que lo realizan sean trabajadores del ámbito sanitario (médicos/as y enfermeros/as), profesores/as, soldados y otros profesionales. (como informaba en la última campaña en septiembre de 2015 el Foro Uzbeko-alemán de Derechos Humanos). “Todo el algodón es producido con trabajo forzoso. Les obligan a pasar en el campo 10 horas al día, picando algodón. Estas personas, viven en edificios abandonados”, explicaba Matthew Fischer-Daly (coordinador de Cotton Campaign) a la cadena SER.


Cabe destacar especialmente el artículo "El algodón de tu camiseta pudo haberlo recolectado un niño esclavo" de la CNN. En este se indica que no sólo profesionales son forzados a trabajar en la recolección del algodón, sino también estudiantes en edad escolar. Pese a la reducción desde 2012,cuando el gobierno uzbeko anunció que iba a poner fin al uso de mano de obra estudiante de primaria en edad escolar, el año pasado todavía se podían encontrar a estudiantes de secundaria y universitarios forzados a trabajar en los campos de algodón. La activista Elena Urlaeva fue detenida en la región de Tashkent después de documentar menores de 11 a 18 años de edad que se utilizan en la cosecha del algodón.


La organización Cotton Campaign es una coalición global de activistas por los derechos humanos y laborales, inversores y empresarios que tienen como objetivo erradicar el trabajo forzado e infantil en la producción de algodón en Uzbekistán and Turkmenistán.

Como ha informado reciente el International Labor Rights Forum en una nota de prensa, el pasado mes, 140.000 personas han presentado una petición al Banco Mundial para que interrumpa los préstamos al sector agrícola uzbeko hasta que  termine la esclavitud en sus campos de algodón. Con esta petición se pone de manifiesto que más de un millón de uzbekos son explotados para que la élite del país obtenga beneficios económicos. El gobierno de Uzbekistán incumple el contrato asociado a las ayudas que le proporciona el Banco Mundial, ya que este indica que el gobierno debería de abolir el trabajo forzoso e infantil.


La recogida del algodón en Uzbekistán es incluso mencionada en el informe Salarios Dignos, publicado en 2015 por la campaña Ropa Limpia, pese a no cubrir esta problemática.


miércoles, 28 de agosto de 2013

Vendida de niña para ser explotada sexualmente

Recientemente, la ONGD Manos Unidas ha hecho pública una noticia. En ella se recoge el testimonio de Anamika, una niña de la ciudad de Ranchi (situada en Jharkhand, al norte de India) que fue vendida cuando tenía poco más de 12 años para ser explotada sexualmente.

Del testimonio de Anamika se puede extraer algunos fragmentos que nos pueden dar qué pensar sobre las causas de este tipo de explotación: "Mi madrastra nunca me quiso y un día, aprovechando la ausencia de mi padre, entró en contacto con unos de esos hombres que aparecen de vez en cuando por la aldea, y que siempre terminan llevándose a alguna niña con ellos. Esa vez la niña fui yo. Mi madrastra me vendió por unas rupias, que iban a solucionar, en parte, algunos problemas económicos que teníamos. El hombre nos dijo que yo iba a ir a la ciudad, a trabajar en una casa donde me iban a tratar muy bien…
¡Mentira! Sí que me emplearon en una casa, pero de masajes… A partir de ahí empezó un calvario que prefiero no contaros. Durante meses, me vi encerrada, trabajando a todas horas, a demanda de los hombres que venían al local."

Desgraciadamente, este no es el único caso, sino que son millones de niñas las que en todo nuestro planeta son explotadas sexualmente con fines comerciales. En esta línea, hace sólo unos meses (mayo de 2013) se publicó el informe "Breaking the silence on violence against Indigenous Girls, adolescents and young women : A call to action based on an overview of existing evidence from Africa, Asia Pacific and Latin America", elaborado por UNICEF, UN Women, UNFPA, ILO y OSRSG/VAC. Este informe indica que la explotación sexual a mujeres menores está presente en las tres regiones estudiadas (África, Ásia-Pacífico y Latino América). Destaca la idea de que la esclavitud infantil, en términos generales, y la explotación sexual, más concretamente, se intensifican en el caso de la población indígena. Tal es el caso, por ejemplo de las jóvenes (entre 12 y 16 años) de la región de Mekong, Tailandia, que representan la mayor parte de las víctimas del tráfico de personas, principalmente para explotación sexual.

Resulta sorprendente que según este informe, más del 90% de los países han desarrollado mecanismos legales para prohibir la explotación sexual de menores (incluida la prostitución). Sin embargo, parece ser que estas medidas gubernamentales no evitan que gran cantidad de menores (mayoritariamente niñas) sigan siendo vendidas y explotadas.

En el caso de Anamika, con la que comenzábamos esta entrada, el final ha sido mejor que el de otras muchas niñas. En una redada policial, la presencia de personal de una ONG ha permitido su liberación y su reinserción. Tal es el objetivo del "Programa para la reducción del tráfico de niñas", que cubre 30 aldeas del distrito de Bero, al oeste de Ranchi  y que está financiado por Manos Unidas. Este, pretende alcanzar unos ambiciosos objetivos a lo largo de los tres años que tiene por duración: "las niñas y mujeres ya organizadas, y debidamente formadas y reforzadas en sus propias capacidades, conocerán sus derechos, serán conscientes de su dignidad de personas, y sabrán como defenderse de los peligros que las rodean".

Esperamos que así sea.